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jueves, 30 de enero de 2014

Diario de Costa Rica: Viaje a las profundidades del miedo

Por dónde empezar....


Empezaré por el principio (nota: para ver la imagen a tamaño real, pulsar sobre la misma)

Costa Rica: ¡Pura vida!



Aunque seguía ganando a un winrate alto, estaba notándome algo saturado de poker. No sirvo para echar 30k manos al mes durante periodos largos, y creo que hice 100k manos entre mediados de octubre y finales de diciembre. Me fui a un retiro espiritual a primeros de enero, y ahí tomé la determinación, entre otras muchas buenas decisiones, de que no podía volver a casa sin un billete de avión.

Me encontraba en Barcelona la noche antes de mi vuelta, totalmente decidido a no regresar sin un billete, y por casualidad vi unas ofertas de Iberia en vuelo sin escalas a Costa Rica, así que no me lo pensé y lo compré. Hice lo que recomienda hacer un amigo que vive en Bangkok: primero comprar el billete y luego, si acaso, solucionar todo lo demás; o, en palabras de otro amigo que también vive en Tailandia: comprar el billete cuando estás animado y que sea tu yo futuro quien más tarde se joda y apechugue. ¡Ambos son unos consejos estupendos!

Y eso pasó, que el Rami futuro tuvo que apechugar. Voy a abreviar porque si no no acabo: acabé en un vuelo a San José, Costa Rica, sin saber muy bien qué pintaba allí, y con prácticamente nada planeado. Sólo tenía hoteles y transporte más o menos solucionados para los 2-3 primeros días, luego todo en blanco, salvo la posibilidad de recorrer toda Costa Rica hacia la otra punta del país, a un pueblecito surfero situado en playa Santa Teresa, en la península de Nicoya, al noroeste del país.

Pero fue llegar a Alajuela, la ciudad del aeropuerto de San José, y empezar a desaparecer el miedo. ¿De qué me iba a servir cuando estaba totalmente solo y todo dependía de mí? ¿En qué me iba a ayudar?


 Comida caribeña: pollo, arroz, frijoles, ensalada y  plátano frito... buenísimo!



Algunos lectores no entenderán mi actitud o mis motivaciones. Para mí están muy claras: me pasé varios años siguiendo lo mejor que podía los designios de mi miedo, haciendo todo lo posible por escapar de él; sobra decir que fueron intentos vanos, al final de un modo u otro la vida te lleva a esas situaciones. Pero de un tiempo a esta parte algo ha cambiado: estoy haciendo el viaje de retorno, ahora soy yo el que busca encontrarse con el miedo.

El miedo siempre es miedo a la muerte en última instancia. Da igual que hagas alpinismo sin oxígeno, que te aterre dar una conferencia en público, que tengas miedo de suspender un examen o de no poder pagar tus facturas,... en el fondo, si sigues ese miedo de vuelta a su fuente, siempre te llevará al miedo a la muerte.

En mi caso tengo una especie de fobia a determinadas situaciones sociales, algo que podríamos denominar "desastres sociales". Por ello me estresan los transportes públicos tercermundistas atestados de gente, especialmente aquellos que carecen de baño. Me pongo nervioso y hace que me entren ganas de ir al baño, lo cual de algún modo es una pescadilla que se muerde la cola: te pones más nervioso, lo que hace que te entren más ganas de ir al baño, lo que hace que a su vez te pongas más nervioso... Alguna vez ha estado a punto de ocurrir un accidente.

 Sólo en el Caribe: playa y selva en la misma instantánea



Tengo más miedos o fobias. Como digo, antes pensaba que eran una limitación en tu vida. Pero ahora me doy cuenta de que no son solamente eso, sino que además son la puerta a otra cosa. En ese dejarte devorar por el miedo, dejarte arrastrar por él plenamente está una de las claves de la vida, y es el único modo de superar el miedo a la muerte, que con mayor o menor éxito nos empeñamos en enterrar profundamente.


Y ahora precisamente busco eso: se podría decir que de algún modo es un entrenamiento que me haga ser capaz de afrontar el miedo último: el miedo más absoluto y primordial, del que surgen todos los demás: el miedo a la muerte, a la desaparición absoluta. Por eso creo que todo aquello que te haga sentir miedo es positivo, siempre y cuando lo afrontes con la actitud adecuada, léase: ni querer escapar de él, ni tampoco luchar con él y tratar de aplastarlo. Ninguno de esos dos métodos funciona, más allá de proporcionar un alivio momentáneo y perpetuarlo.

Recuerdo una conversación de hará unos meses con un amigo, que estaba sufriendo ataques de pánico en las últimas semanas. No entraré en los motivos por los que le estaba sucediendo esto ya que son irrelevantes: pero estaba haciendo lo que nuestros padres, la sociedad y la genética nos ha enseñado a hacer: huir de ello. Me decía: "yo intento pensar en otra cosa". ¡Grave error! Precisamente pensar en otra cosa es lo que perpetúa la ansiedad. Tienes que permitirte sentir toda esa agitación, todos esos pensamientos que hablan de muerte, de que de algún modo todo irá mal, todo fallará,... y sin interferir con ellos en absoluto, tienes que ser capaz de, cuando todos tus pensamientos y tu cuerpo está diciéndote que todo irá mal, echarte a un lado y dejar que hagan su función sin tocarlos lo más mínimo. Es algo extremadamente sutil y requiere de mucha práctica.


Panorámica del embarcadero de mi hotel y sus impresionantes vistas al canal



Me desvío. Esta mañana no tenía forma de volver a San José que no fuese utilizar el transporte público, y aunque tenía la opción de esperar un día más y volver en un shuttle privado, o de pagar 150$ y volver en avión, en el fondo quería enfrentarme a mi miedo. Y ni qué decir tiene que no me ha decepcionado.

Sé cómo funciona mi pánico en estos casos: lo peor siempre tiene lugar al principio de la "situación", y ahí estaba yo, la lancha hacia la Pavona recién comenzada, y las sensaciones y pensamientos estallando a plena velocidad, al igual que la barca.




 El Parque Nacional de Tortuguero, visto desde la lancha



Pero esta vez ha sido diferente. Esta vez no huía de ellos, esta vez los dejaba entrar. Han aparecido pensamientos con una carga emocional enorme, pensamientos que llevaban de algún modo ahí guardados meses o años, terribles,... pero ahora soy más sabio. Ahora no he tratado ni de enfrentarlos ni de resitirme a ellos. Hubo, como suele pasar con estas cosas, un in crescendo, la sensación pasó del estómago a los brazos, rápidamente todo el tórax y la cara, la parte inferior de las piernas, todo muy rápidamente... absolutamente embargado por el miedo,... y después simplemente.... ¡plop! ¡Se evaporó sin más!, a la vez que quedó un transfondo de paz que me permitió disfrutar del precioso viaje en lancha por el Parque Nacional de Tortuguero hacia la Pavona. (Lamentablemente no vimos caimanes.)

Después el viaje ha sido coser y cantar: incluso en el autobús he entablado una agradable conversación con lo que yo pensaba que eran una pareja de franceses, pero no eran así, simplemente se habían conocido y compartían parte del trayecto. Al principio había pensado que eran la típica pareja de viaje, pero creo que no estaban enrollados, aunque no lo sé seguro.



 Ñam ñam!



Ambos eran muy agradables, aunque la chica me cayó mejor pese a su horrible acento (en realidad vivía en Suiza): estaba haciendo un viaje alrededor del mundo. No es la primera vez que oigo hablar de esto: pagas una cantidad (en EEUU me dijeron 2500$, ella me dijo 3.500€), comienzas y terminas en un aeropuerto y puedes coger tantos vuelos como quieras durante no sé si 6 meses o 1 año, pero con una condición: siempre tienes que volar en una msima dirección: o hacia el Este o hacia el Oeste hasta el final del trayecto; ella se dirigía al Oeste: Canadá, Centroamérica, después Australia, Asia y de vuelta a Europa. Y él llevaba 3 semanas en Perú, iba a estar unos días más en Costa Rica y volaba a Guatemala. Muy agradable y abierto también.

Cuando les he dicho que estaba pagando 35$ por mi habitación se han sorprendido: ella, que siempre se alojaba en hostales, pagaba 12$; él 20 por una habitación de hotel. También me han sorprendido con el tema del equipaje: ella llevaba 3 camisetas para un viaje de 5 meses!


 Contraste de imágenes, sonidos,... una maravilla




Me ha gustado conocer gente tan abierta. Gente que se encuentra con otra gente en un viaje y simplemente juntan sus caminos durante un tiempo, como dos niños que se encuentran en un parque de juegos y simplemente se ponen a jugar. Dentro de poco me veré capaz de hacer lo mismo.

Luego hemos llegado a San José. No me ha gustado mucho, he estado a punto (sin saberlo, ya que no había preparado casi nada) de meterme en el barrio más peligroso de todo San José (Barrio México), pero en el último momento mi sentido arácnido que tantas veces me hace bluffcatchear correctamente me ha alertado, y he cogido el que probablemente fuera el único taxista honrado de San José.

El aire acondicionado de mi autobús, había que elegir entre asarte de calor o tragarte el polvo del camino. Elegí masticar granos de arena


Al poco de llegar he ido a comer a una soda unas fajitas de pollo con arroz horribles por 3500 colones (7$, me han estafado seguro), y posteriormente me he adentrado en un mercado al estilo tunecino que estaba muy cerca de mi hotel, y me he comprado una pulsera chula de aparente cuero por 1000 (iba a decir bahts) xDD por 1000 colones, que son 2$. He aceptado sin más; me parecía un precio más o menos justo.
He visto pinturas de alguien a quien se las había pintado "su hermano". Eran todas una mierda la verdad, la técnica era extremadamente simple (me recordaban a las que hacia yo en clase de Educacion Artistica), y ninguna era bella; a excepción de una, en la que aparentemente "su hermano" acertó por casualidad. Además, curiosamente, estaba situada la primera, encima del resto; si no llega a ser por esa casualidad, habria pasado de largo.

Un reloj estropeado da la hora dos veces al dia, y hasta el pintor o escritor mas obtuso puede tener un momento de inspiracion, de conexión con la fuente, con el universo, con lo divino, como se quiera llamar... Me ha pedido 8000 colones de primeras (16$), y he utilizado una técnica que no había practicado hasta ahora: hablar poco. Me he quedado callado mientras me decía que eran muy buenos, me enseñaba otros, etc. Y sin yo decir nada, mirándole con cara de "no soy gilipollas". Ha bajado a 7000 (14$).

 Al poco de estar en silencio le he dicho que era muy caro, a lo que ha respondido que me lo podía dejar en 6000 (12$). No me parecía un precio justo, pero tampoco me apetecía seguir mas tiempo escuchando su cháchara y he aceptado.
 

Y así llego hasta ahora mismo, en el bar de un hotel de San José tomándome -por cuenta de la casa- un cocktail que lleva ron y algo más, de ésos que te van emborrachando sin apenas darte cuenta, mientras me sobresalta el estruendo de las sirenas de un coche de policía que pasa a toda velocidad en busca de -quizás- unos rateros a la caza de un pobre turista. Han pasado más cosas (ha sido un día muy interesante) pero estoy ya muy cansado de escribir.

¡Mañana será otra aventura, espero!

3 comentarios:

mariano bonifazi dijo...

Muy bueno Rami.
Que lo sigas disfrutando!

Marianoboni

Rami dijo...

Gracias Mariano, un abrazo!

catacrack dijo...

enfrentandote a tus miedos!! muy bueno eso, enhorabuena. un saludo