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jueves, 30 de enero de 2014

Diario de Costa Rica: Día para olvidar

Ayer estaba exultante, había puesto a prueba mis miedos y había salido victorioso, llegando satisfactoriamente a San José. De hecho, recuerdo vivamente los momentos previos a quedarme dormido, con una paz y una quietud extraordinarias.

Hoy el plan era levantarse pronto y quizás coger el autobús de las 6 de la mañana para Santa Teresa, un viaje de 6 horas y media. Pero esta mañana me he levantado con la tripa hecha una mierda; hay que decir que no estaba yendo al baño del todo bien los últimos 2-3 días, pero esta mañana he tenido que "usar el baño" varias veces. Probablemente fue uno de los muchos batidos (con agua) o coca-colas (con hielo) que tomé en Tortuguero, haciendo su efecto en mis intestinos.

Así que obviamente no iba a coger el autobús de las 6.00, y me he quedado en la cama descansando, creo que con algo de fiebre, en un estado de semi-incosnciencia; esperando a mejorar para coger el autobús de las 2 o quedarme una noche más en el hotel de San José (52$).

A las 11.30, entre sueños febriles, he decidido que definitivamente me quedaba en San José una noche más, así que he bajado a comunicárselo al recepcionista. Me dice que imposible, que tienen todo lleno, y que me tengo que ir a las 12.

En un estado físico bastante deplorable, recojo todas mis cosas (un infierno cada vez que quiero empacar) y me pongo a buscar un hotel. Quería un buen hotel para poder descansar a gusto, y encuentro uno por 69$ que tenía muy buenas puntuaciones en Booking.

Reservo y salgo de mi hotel mareado. Cojo un taxi y le pregunto que si sabe dónde está el hotel, y me dice: "sí, claro, yo puedo preguntar". Bueno, para qué andarse con rodeos. Me ha estafado: no tenía ni puta idea de dónde estaba el hotel y cuando ha visto otros potenciales clientes cerca me ha despachado. Aparte, la maría (taxímetro) ha empezado a contar desde el segundo uno, cuando ayer, con mi taxista (ya dije que era el único honrado de todo San José), tardó en empezar a sumar a los 625 (1.25$) colones básicos unos 5 minutos.

Total, que al cabo de 5 minutos escasos la maría, que por supuesto estabar rigged, contaba 2235 colones y subiendo. El muy hijo de puta, ahí parado esperando a que le pagara y me bajara mientras el taxímetro no dejaba de subir. Le digo, "vale, me bajo"; le he dado un billete de 2000 colones y me ha dicho que así estaba bien. ¡Incluso a alguien de su calaña le ha dado vergüenza cobrarme el resto por un servicio nulo!

Y aquí es cuando ha empezado el festival del humor.

He preguntado a 3 personas, no a una ni a dos. ¡A tres personas! Y, curiosamente, ¡las 3 sabían dónde estaba el hotel... pero todas ellas me han indicado en la dirección contraria! ¡Y una de ellas era un policía!

La primera ha sido una señora, he visto la puerta de una asociación de no sé qué mierdas abierta, y ya he aprovechado. Han tardado como dos minutos en consultarlo y me han indicado con total y absoluta certeza en la dirección contraria. Así que yo, agradecido de corazón, y en un estado físico lamentable, me he ido alejando del hotel cargando con el portátil, la guitarra y la mochila.

Sigo subiendo -encima era subida, hay que joderse-, y para asegurarme de que voy en la buena dirección le pregunto a un trabajador que está reparando el techo de un bar. Me dice: "Sí, siga un poco más hacia arriba, como tres o cuatro bloques y ahí es a la derecha". Le digo: "¿Pero está muy lejos?" -"No, no mucho". Sólo de pensarlo ahora me entra la risa.

Los siguientes han sido los policías. Les digo: "Estoy buscando el hotel Voltaire, ¿sabéis si voy bien por aquí?" Me dice uno de los dos: "Bueno, no estoy seguro del todo, pero creo que sí, vas bien". Bueno, un avance, por lo menos tiene la cortesía de decirme que no está "seguro del todo", pero por supuesto voy bien.

He acabado literalmente en las últimas, con un tirón en la pierna de andar con la puta mochila que pesa como una vaca, sudando, con un sol de justicia, deshidratado, ya pensaba que estaba cerca de desmayarme. Y he preguntado a una especie de guarda-jurado de una tienda de algo o de un parking y me ha dicho que no sabía dónde estaba el hotel (hurra!), pero que subiera un poco más y ahí en la parada de taxis me podrían ayudar a encontrarlo. También le he preguntado si era peligroso andar por ese barrio, y me ha dicho que "de día, no". Realmente da muy mal rollo estar andando por calles semidesiertas con todas las casas enrejadas.

En la parada de taxis me sonríe el mítico estafador, al que, a estas alturas, sólo puedo mirar con cara de odio; me dirijo hacia un taxista de unos 55-60 años y le digo: "Mire, quiero ir a este hotel, que está en la calle 31 con la avenida 8. No me importa las vueltas que dé, y no quiero que ponga la maría; le voy a dar 1500 colones pero me tiene que llevar a la puerta del hotel".

Ha aceptado y hemos llegado al punto donde me había dejado el anterior taxista. Hemos tenido suerte, justo nos hemos cruzado con una trabajadora del hotel que se dirigía hacia allí, y que se ha montado en el taxi. Era muy amable y no estaba mal para lo que me he acostumbrado a ver en Costa Rica (lo siento, pero el 90% de las ticas son más anchas que largas). Hemos llegado al hotel (que estaba bastante escondido) y el taxista, que ha aguantado estoicamente mis improperios contra los taxistas costarricenses y su absoluta falta de honradez y escrúpulos, sólo me ha cobrado 1000 colones por lo corto de la carrera.

Me he registrado y les he preguntado dónde comer, y me han comentado sobre un sitio para comer barato (2000 colones por un casado) y la chica, Paz, me ha dicho que ella iba a comer y que almorzaba conmigo. Debería empezar a aceptar estas invitaciones; aunque en mi defensa, estaba sudado, cansado y al borde de la deshidratación. Pero supongo que uno siempre encuentra excusas cuando son lo que busca.

Un par de pensamientos mientras me termino mi botella de agua con sales (Citorsal):

-El tema de la seguridad. Mientras recorría las calles (he llegado de la calle 31 a la 39) da pena ver que todas las casas tienen como mínimo rejas, otras tienen alambres de espinos, cámaras, parkings privados,... así en todo lo que he visto de San José hasta ahora, da pena realmente. He visto incluso un parking de una casa vallado y con alambre de espinos para un solo coche, algo muy curioso. Quizás luego haga unas fotos, pero a veces hasta da cosa sacar el teléfono en sitios así.

-Me declaro oficialmente enemigo acérrimo de los taxistas. No se me ocurre un gremio peor (quizás el de los políticos, y recalco el "quizás"). Tampoco me gusta San José, ciudad feísima y muy peligrosa; ni los ticos a los que de pequeños no les enseñaron a decir que no saben cuando no tienen ni puta idea de dónde está algo (esto también era muy propio de Tailandia).

Como digo, día para olvidar... mañana será otro día.

4 comentarios:

mariano bonifazi dijo...

Los taxistas son una plaga en todas partes! Y yo que pensaba que era una exclusividad de Argentina.
Imagino que las chicas serán del estilo video reggetonero xD

Dale papi! xDD

Un saludo!

marianoboni

Anónimo dijo...

Rami joder, hazte con un mapa de la ciudad q visitas, eso es lo 1º q hay q hacer hombre...

Y q mejores, no temos mas hielos y no dekes de contarnos.

Un abrazo.

Rami dijo...

Sí, soy un puto fish de estas cosas y nunca preparo una mierda, y días como el de ayer son mi precio a pagar. :)

Mariano, más anchas que largas! jajaja

Un abrazo!

Beto dijo...

EN España los taxis son igual... Un pasa sería buena idea sin duda jajaja