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domingo, 8 de julio de 2012

Diario de Estoril: Lisboa

Nada estaba yendo como esperaba: no había podido jugar más que 2 días al poker (el segundo día sólo había un abuelete y acabé even), en una mesa de 5/10, y en Lisboa tampoco había cash. Me estaba aburriendo en Estoril.

Pero llega un momento en que te das cuenta de que estás en un país extranjero (un poco mierda), en el que el propósito principal del viaje, jugar al poker, y el secundario, bañarte en el mar, son inviables (el del mar, por el frío glacial de las aguas atlánticas); y decides que te lo vas a pasar bien.

Así que pasas de todo, coges tu petate, y te largas a Lisboa. Usas el transporte público, ya que aunque la lógica y el bank dicten lo contrario, te quieres retar a ti mismo. Al principio sientes cierta incomodidad ante lo desconocido, pero poco a poco te vas dejando llevar.

Llegas a la estación de Cais Sodré, te mimetizas con los turistas, y al poco te sientes un mochilero más. De nuevo decides que el taxi no va contigo, así que empiezas a preguntar a la gente, que habla fatal el castellano pero es muy simpática, y tras dar el coñazo a un par de autobuseros y una recepcionista bastante atractiva, averiguas que tu autobús es el 734. Te subes y te imaginas que es un autobús turístico, y disfrutas con las vistas que se te presentan, como este original graffiti de un edificio abandonado cerca del centro de Lisboa:




Tras 20 minutos en el autobús y 10 más andando, llegas a tu hotel, un 4 estrellas muy agradable, pero a varios kilómetros del centro. Te das un baño en el jacuzzi para organizar tus ideas, coges la mochila, preguntas al recepcionista por la parada de metro más cercana, y al son de los bendings de armónica, Hey there Delilah, te diriges a ella. No sabes muy bien qué vas a hacer porque no has planeado nada, pero sabes que lo vas a disfrutar. De nuevo aparece el hormigueo en el trayecto ante lo desconocido, pero también sabes que se pasará pronto.




Te bajas en Restauradores, en el casco viejo de Lisboa, antes de lo que hubieses pensado, y miras. Paseas tranquilamente. Te das cuenta de que viejo quiere realmente decir viejo, se respira cierto aroma decadente. Has leído en Internet algo sobre la mejor heladería de Portugal, y tras recorrerte medio casco viejo fluyendo con la gente, y preguntando a muchas personas -una de las cuales te da una dirección errónea, pero a ti no te importa- y a varios camareros que te sugieren que te sientes a cenar, por fin unos viejetes que están cerrando una ferretería saben de qué heladería hablas.

Eres indeciso por naturaleza, por lo que le pides a la camarera una sugerencia. Te recomienda el helado de fresa con algo que no entiendes. Le sigues un poco el juego, te sueltas, y al poco la camarera no deja de sonreír. Mientras te sorprendes, te va ofreciendo varios helados para que pruebes, todos ellos exquisitos. Acabas tu pedido y te marchas. Has leído en cierta página que esta gelatería tiene los mejores helados de Portugal, y lo cierto es que el está muy bueno.




Te tomas tu cucurucho en una calle muy transitada, y al caminar te topas con un músico que está tocando para la gente que cena en los caros restaurantes de la calle. Te apoyas en una farola y comienzas a escucharle y a observar meticulosamente cómo mueve la púa, cómo va moviendo los dedos entre los trastes.

Suenan los acordes menores de Nothing else matters. Cuando acaba le pides una canción de Bob Dylan, a ser posible que lleve armónica. Empiezan a sonar los acordes de Like a rolling stone y, mientras le grabas, te asaltan ofreciéndote hachís (Starlux) y marihuana (menta poleo). Tú ya no fumas esa mierda, y además no quieres ser el enésimo turista estafado, así que les mandas a la mierda mientras tu atención se dirige de nuevo hacia ese músico con voz nasal, armónica al cuello y percusión en el pie. Acaba Like a rolling stone, le dejas unas monedas y una sonrisa, y suena Wonderwall mientras tú te marchas.

El músico lisboeta tocando Like a rolling stone:



Minuto 00:26, aparecen sonrientes los estafadores, material en mano y totalmente despreocupados, dispuestos a perturbar mi paz interior


No sabes muy bien adónde, pero sí que quieres cenar algo, y, mientras caminas, comienza el asalto. Al parecer la nueva moda en Lisboa consiste en estafar a los turistas vendiéndoles droga, o algo parecido a ella, probablemente legal y útil para condimentar un buen caldo. 5 ó 6 camellos estafadores en menos de 10 minutos alteran tu paz interior y de nuevo despiertan los temores. Así que buscas un sitio de bocadillos, donde una ajetreada jefa te atiende de forma poco amable, pero no te importa demasiado. Pides una ensalada, pagas, y te marchas.

En el andén del metro le preguntas a una chica si es por aquí por donde se va a Praça de Espanha, y te dice que sí. Le dices que si está segura, y con una sonrisa amigable y algo vergonzosa te vuelve a decir que sí. Sales del metro y estás algo desorientado -no te sueles orientar muy bien callejeando-, pero poco a poco consigues ubicarte. Llegas al hotel, de nuevo armónica en mano y tratando de repetir por el camino las melodías y los bendings (¡qué maravilla de sonido!) del músico de voz nasal en la versión de Dylan que ha interpretado, cenas viendo a Fernando Alonso exhibirse bajo la lluvia, te duchas y te pones a escribir.

Piensas en que mañana puede ser otro gran día, en el que hagas de lo sencillo algo extraordinario. Te alegras porque vas a ir a ver fishes (de los que no juegan a las cartas), y el resto del día lo desconoces... y hasta te agrada.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Si aún sigues por allí te recomiendo subir al Castillo cuando esté anocheciendo! hay unas vistas realmente espectaculares!!

Y no olvides ir a la zona nueva de la Expo 1994, todo un contraste respecto a la zona vieja y decadente del centro de Lisboa..

Firmado: el que te recomendó ir a sintra :P

Danilovich dijo...

Espero que te haya gustado, ya se que tu no eres mucho de monumentos y edificios, pero tenías haber viistado alguna cosilla más. como el castillo que te recomendaba el anterior comentario.
Lo que me ha gustado ha sido el artículo. Un abrazo.

dbrunson dijo...

Después de ver tus vídeos no te imagino jugando en vivo. Mucho te vas a tener que morder la lengua, jeje. Mola el rumbo que está cogiendo el blog.
Por cierto, ¿cuál es tu idea, tirar de hotel hasta que encuentres un destino que te convenza?
Saludos cordiales.
dbrunson

Diego Ramírez dijo...

Hello, Mr. Brunson!

Me alegro de que te guste el blog, irregularmente actualizado, ecléctico en su temática, casi siempre con el poker como trasfondo.

Abandoné Lisboa. Estoy otra vez de vuelta en Burgos, previo paso por Madrid, en donde compré una preciosa guitarra, y Bilbao, donde acudí a una actuación en vivo de Bob Dylan (o lo que queda de él).

Mañana me marcho otra vez (¡esto es un no parar!). A Barcelona, camino de una búsqueda interior, y es probable que haga alguna que otra visitilla al Casino, dependiendo de lo que allí surja y de la fauna que encuentre.

Me han hablado en un comentario de otra entrada de Marbella, y quizás merezca la pena explorar ese caladero.

Un cordial saludo.