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sábado, 8 de febrero de 2014

Diario de Costa Rica: Santa Teresa


Ésta es mi última noche en Santa Teresa, un pequeño pueblo surfero, situado en el sur de la península de Nicoya. Mañana dormiré en Alajuela y el domingo volveré a Madrid. Me embarga un sentimiento de nostalgia mientras escribo estas líneas.

Estos días han sido bastante tranquilos, me he dedicado a leer mucho, a pasarme horas en la playa -aunque siempre tiendo más a conservar mi pigmentación habitual y quemarme que a adquirir el  tono dorado deseado por los amantes del bronceado- sin hacer nada más que observar, darme baños ocasionales y leer.

Mi momento favorito del día ha sido el atardecer, cuando más cosas suceden en la playa.

Para los entendidos del surf aparentemente es la mejor hora (junto con el amanecer, a eso de las 6 de la mañana) del día para surfear, debido, creo, a que la marea está en su punto más alto, lo que provoca mejores olas, más fuertes (realmente no estoy muy seguro de esto, pero a esas horas se juntaban más surferos en la playa).

También están los pescadores. Suelen ser ticos en su mayoría, aunque también he reconocido a extranjeros, probablemente afincados en la zona. Se dedican a rastrear la costa en busca de pescado, con unas cañas de pescar un poco extrañas, y les he visto sacar peces cuyo tamaño me asusta y me resulta difícil de creer que puedan estar a tan pocos metros de la orilla (un día vi un pez que pesaría 10 kilos como poco, del tamaño de mi brazo).

A ellos añaden su presencia las aves, probablemente gaviotas, aunque he reconocido al menos dos especies diferentes, una de las cuales, con una vista aparentemente extraordinaria (a mí me parece imposible ver algo en aguas tan turbulentas), rastrea la superficie y, cuando avista una presa, coge altura y se lanzan en picado contra el agua en un espectáculo digno de ver.

La fauna no acaba ahí: también son dignos de ver los cangrejos ermitaños, con su pequeña casa a cuestas. Tienen un aire al doctor Zoidberg, de Futurama. Unos bichos la mar de simpáticos, con movimientos delicados, que sólo dejan su marca en la arena cuando avanzan de frente. También hay cangrejos, más grandes, en el lugar donde termina el océano y comienza la superficie terrestre, semienterrados en la arena, moviéndose solamente en la parte de la ola en que el agua se retrae de nuevo hacia el mar, también muy curiosos con su extraña forma de moverse. Desconozco a cuántos habré pisado.

A surferos, cazadores de peces -humanos y no humanos-, y resto de fauna, se les juntan: los que se reúnen en grupos y toman imperiales -la cerveza costarricense por antonomasia-, los que miran a los surferos surfear, los que llevan a sus perros a interactuar y bañarse, las parejas que contemplan cogidos de la mano al sol esconderse, los que hacen footing playero, los ticos que llevan a sus hijos a darse un chapuzón, los guiris, los ladrones de chanclas de playa... la verdad, se forma un buen batiburrillo de personajes que hacen que siempre haya algo interesante que ver.


Panorámica de la playa de Santa Teresa


El resto del día la playa suele estar más vacía y tranquila, pero a esa hora pasan cosas: simplemente dejas que tu vista se pose en aquello que más te llame la atención, y siempre hay algo: si no es un surfero torpe que da sus primeros pasos en este peligroso deporte, es uno experto cuyos movimientos contemplas con asombro. O son las aves que se dirigen en numeroso grupo quizás a otra playa. O lo que denominé la extraña pareja, ya que la visión de estos dos personajes evocó en mí la canción de Ismael Serrano: él, un señor de unos 55 ó 60 años; ella, una muchacha de poco más de 30; su lenguaje corporal, algo tenso, me hacía pensar que no eran pareja romántica, pero estaba seguro de que tampoco eran familia, y me quedé con la duda sobre la clase de relación que mantenían.

También Nathan, un americano de unos 35 años, natural de Miami, Florida pero con muchos años como residente de Oregón; con quien entablé una agradable conversación; que me recomendó que visitara su Estado la próxima vez que pasara por la zona, y que me recordó de nuevo -a veces me olvido- de por qué me gustan tanto los EEUU: no es ni por su cultura, ni por su comida, ni por su religión, ni por su estilo de vida, ninguna de las cuales me gusta mucho (aunque secretamente admitiré que adoro conducir y comer un taco mientras atravieso millas abriéndome paso entre el lento tráfico); sino por su forma de ser: tan amigable, tan abierta, casi siempre una invitación. Es algo cultural, y en España estamos a leguas de ellos en este aspecto. Enseguida hace que me sienta a gusto, nos acabamos de conocer pero me está contando sobre los Parques Nacionales y Bosques de Oregón; me habla sobre un sitio mágico, en la frontera con Washington, de unas 10 millas de duración, lleno de cataratas que merecen la pena ver; de un glaciar, de unos bosques...

A veces también coincido con Ian y Michelle, vecinos de mi Bed & Breakfast. Son de Reino Unido, él muy bebedor (algo alcohólico, diría), pero muy amigable también, y auténtico fan de los Rolling Stones -le pregunto por su canción favorita de los Stones y sufre porque no puede quedarse con solamente una-, ella algo cínica y superficial.

O con Christian, el dueño del sitio donde me alojo, un alemán con el típico perfil surfero (pelo largo, rastas y bañador de Billabong), de 37 años, 10 de los últimos los ha pasado en Costa Rica. Me cuenta historias de Tamarindo, donde viven unos cuantos caimanes, y de cómo por la noche deben de pasar sí o sí de la bahía al estuario por la playa principal de Tamarindo, pero que los caimanes son animales calmados, no agresivos como los cocodrilos (mientras me cuenta esto me digo que jamás pisaré Tamarindo). También me jura y me perjura, mientras se ríe por mi extraña insistencia, que no hay tiburones toro en la playa de Santa Teresa, y que muy raramente hay mantarrayas, que en la playa que hay al lado sí que hay más. Le pregunto si alguna vez le ha picado una y me dice que no, pero que alguna vez arrastra los pies mientras entra en la playa, un modo de avisarles de su presencia, ya que muchas veces se esconden bajo la arena (aparte de que aquí es imposible ver nada bajo el agua). Me dice que hace poco, mientras hacía surf, vio una mantarraya saltar por encima del agua para cazar un pez, e insiste en que no me preocupe demasiado por los animales del agua.

He probado el surf, cómo no, y aunque la primera clase con Geoffrey, un ecuatoriano afincado en Santa Teresa con un negocio de alquiler de tablas, no fue del todo mal, los siguientes acercamientos no han sido del todo positivos: he tragado mucha agua y un día me pegué tal golpe con el agua que acabé con mucho dolor de cabeza (y de cervicales), y una hora después todavía seguía goteando agua salada por la nariz. Decidí que el Pacífico y yo habíamos peleado lo suficiente y que me había cansado de ser su saco de arena, así que decidí dejar de lado una no muy prometedora carrera en el surf.


Yoga en el paraíso


También he hecho yoga, todos los días desde que estoy aquí, ¡en el mejor sitio del mundo! Yoav es el profesor de yoga, muy bueno. El primer día solté tensión que debía de llevar ahí años. Recuerdo que en un momento dado mi pierna empezó a literalmente vibrar, de mitad del gemelo para abajo, y así estuvo un minuto largo. Fue una sensación parecida a cuando se te duerme una parte del cuerpo, pero a la vez diferente. El segundo día me pasó algo parecido en el estómago, con pequeñas contracciones -y algunas más fuertes-. Tensión liberada, sentimientos de tristeza, incomodidad, que afloran en medio de un ejercicio... Yoav, dueño del hotel Horizon y un profesor excelente. Lástima que no diera él el yoga todos los días; ya que la otra profesora, Stephanie, hace otro tipo de yoga, más físico, posturas extrañas que ni en una película porno, cantidad de posturas frente a cualidad... coño, Steph, que quiero hacer yoga, si quisiera ir a una clase de Pilates iría a una jodida clase de Pilates!

En fin, no sé muy bien cómo he llegado hasta aquí ni cuántas cosas me he dejado de contar. Me olvido de describir el pueblo, al más puro estilo pueblo-carretera (me acabo de inventar la palabra), con una carretera principal -y única-, y todo lo demás (playa, hoteles, hostales, restaurantes, tiendas) amontonado en torno a ella; los restaurantes y sus precios elevados (bueno, todos los precios aquí son elevados), pero en fin, ha sido una experiencia interesante! Hoy he sentido pena mientras veía mi último atardecer... ¡Hasta siempre, Costa Rica!

sábado, 1 de febrero de 2014

Diario de Costa Rica: Natasha

Veamos dónde lo dejé...

Deshidratado, mareado, hecho una piltrafa. Pero cuando tocas fondo... ¡sólo puedes ir hacia arriba!

Hoy fue un buen día. Me desperté a las 4.30, como habitualmente hago, con ganas de ir al baño, como últimamente también me pasa. Por el camino había una cucaracha de espaldas, pataleando y moviendo sus antenas. No podía ni quería matarla, ni podía soltarla tampoco, así que decidí soplarla para que se diese la vuelta y continuara con su vida, pero sólo segundos antes de abandonar la habitación.

El plan del día era llegar a Santa Teresa, 2 horas y media de carretera, hora y media de ferry y otras 2 horas de carretera después. Finalmente reservé un shuttle bus, que viene a ser una furgoneta de unas 8-10 plazas que te viene a recoger al hotel y te deja en la puerta del hotel. Una especie de limusina para ricos. El transporte público me habría costado 15$; por el shuttle, he pagado 50$, pero por evitarme moverme por San José, tratar con un taxista y la comodidad del viaje sin duda ha merecido la pena. Las experiencias, para cuando tenga mejor el estómago.

Y ¡ha habido experiencias!

Curiosamente, en el shuttle éramos sólo dos personas: yo fui el primero en montarme, tras charlar un rato y despedirme de Paz, la recepcionista del hotel con cucarachas, una chica encantadora (era española, no costarricense, ¡ya decía yo que era demasiado atractiva para ser costarricense!); posteriormente fuimos al aeropuerto international de San José, en Alajuela (a unos 15km de mi hotel) y recogimos a Natasha.

A todo esto, el conductor del shuttle. El tipo conducía como si le estuvieran cronometrando, tras dar dos vueltas en el aeropuerto y abrir la puerta de la furgoneta sin mirar y casi estamparla contra un coche que venía por detrás, ¡comienza a quejarse y a decir que la gente va acelerada! Le doy la razón mientras por dentro surge una sonrisa irónica.

Como digo, recogemos a Natasha, una chica muy atractiva, londinense, y que va a visitar a su hermana, quien se aloja en el mismo pueblo a donde me dirijo yo, Santa Teresa. Al hotel Funky monkey o algo así.

Al principio no hablamos mucho, más allá de intercambiar un par de preguntas de cortesía, y se pone a dormir aprovechando la amplitud de espacio; pero resulta que el shuttle nos deja a las 4.20pm en las cercanías del ferry, y éste no sale hasta las 5pm; y, posteriormente, ambos vamos a coger otro shuttle que nos recogerá en la misma salida del ferry, en torno a las 6.20pm. Aasí que parece que vamos a compartir un buen rato. Me asusto un poco mientras nos sentamos en una soda y pedimos sendas Coca-Colas. Empezamos a hablar.

¡Inciso! Como muestra de lo barato que es el transporte público en Costa Rica, nos costó más la Coca-Cola (2$) que el ferry de una hora larga de Puntarenas a Paquera (1.6$). Más sobre el ferry más tarde.

Empezamos a hablar y ¡la conversación fluye sola! La chica resulta ser bastante interesante. Viene de Londres, haciendo escala en Nueva York y Atlanta, una de las cuales de 7 horas, que se pasa durmiendo en el aeropuerto. The girl has balls! Trabaja como desarrolladora de ideas para la NBC, y se ha tomado una semana de vacaciones. Terminamos hablando de la playa, lógico ya que es adonde ambos nos dirigimos, y le cuento que me aterran los animales de mar como los tiburones, calamares, mantas, etc.; y que he oído que en Santa Teresa hay tiburones, que con mi colchoneta tengo más valor y me adentro más en el mar, pero que a veces, cuando estoy a 50 metros de la orilla, me entra el pánico... -y para qué mentir dos veces... no le he dicho 50, sino 100 metros, y en realidad ambas son mentira; algunas veces a 20 metros de la orilla me cago por la pata baja-, y tengo que salir a toda velocidad del agua, como un pato chapoteando a toda velocidad. Le pregunto que cuál es su mayor miedo, y me dice que los cangrejos: que de pequeña vio a una mujer acorralada por un cangrejo, y que aquello la traumó de por vida, que no puede ni ver un cangrejo, y que un día sus amigos le dieron un susto y no habían considerado lo profundo de su miedo, que vomitó y todo. Le digo que su miedo es más ridículo que el mío y se ríe.

Así seguimos un rato más, surge el tema de la seguridad, que tanto me ha tocado los huevos en los últimos dos días, y me cuenta que ha estado en un montón de países de Latinoamérica. Me dice que Honduras es peligrosísimo, pero que tiene unas islas preciosas. Ambos hemos estado en Tailandia; ella en Ko Pha Ngan, y añade que no le pareció seguro. Para demostrarle lo equivocada que está sobre mi querida Tailandia, le cuento mi ya manida -pero no por ello menos buena- historia del bolso del mercadillo en Phon Phisai, que alguien se dejó en la calle una mañana de mercado martes y que allí estuvo 3 semanas, sin nadie tocarlo hasta que me fui del pueblo.

Seguimos hablando. Le pregunto por su trabajo, qué proyectos hace, ella me pregunta por el poker, pasamos bien el rato, hay mucha fluidez y alegría en la conversación. Ya en el ferry, se corta un poco el rollo con la música a todo volumen. De acuerdo, son el país más feliz del mundo, así que no me parece legítimo cuestionar su metodología, pero ver un ejército de costarricenses tomar Imperiales (la cerveza de aquí) y cantar en un karaoke no me parece el mejor plan del mundo. Además, me jode mi plan mojabragas de tocar Wonderwall.

Puesta de sol en el ferry Puntarenas - Paquera

Ella saca un libro y se pone a leer. Le pregunto por su libro favorito (siempre ávido de recomendaciones de buen material) y me dice que The bonfire of the vanities, de Tom Wolfe. Comienza a leer y yo me tumbo (hay muchos sitios libres en el ferry) mientras noto ciertos nervios en el estómago. No sé si tendré que ir al baño otra vez. Me pregunto cómo he sido capaz de conectar tan bien, cuando la mayoría de veces me entran nervios. Quizás sean los forta-sec que me he tomado esta mañana para detener la hemorragia. O quizás algo está cambiando.

Bajamos del ferry y aparecen otra vez los encantadores hijos de puta y enemigos públicos número 1 de este blog, con sus sonrisas falsas, y a los que no puedo más que mirar con repugnancia. Nos montamos en el shuttle, yo dudo si ponerme a su lado o en diferentes filas, al final me pongo en una fila diferente. Miedo 1 - Rami 0. Nuestro nuevo conductor supera al anterior en mucho. Se me hace difícil describir a la velocidad a la que íbamos por semejante carretera de mierda, de montaña, de noche cerrada, estrechísima y con baches continuos. Simplemente diré que todo se movía demasiado.

No hablamos, así que me pongo una meditación guiada, cierro los ojos y medito durante un rato. Me dejo llevar, dejo que mi cuerpo se mueva todo lo que quiera por el vaivén, incluso me imagino que estoy en una especie de atracción al estilo Portaventura.

Pasa un rato, y queda ya poco para que nuestros caminos se separen. Le digo que tengo un blog, que escribo poco, fundamentalmente cuando viajo, que me ha resultado lo suficientemente interesante como para que aparecer en él; pero que no se preocupe, que sólo lo leen cuatro frikis del poker. Se ríe y me dice que escriba bien su nombre, que es Natasha y no Natascha.

Me bajo yo primero en mi hotel sitio de cabinas. Hay un ambiente muy agradable, lo lleva un alemán surfero que lleva 10 años viviendo en la isla. Me cuesta 35$ la noche, son sólo 5 ó 6 cabinas y a primera vista casi todos o todos son parejas, pero la gente hace la cena junta, etc. veo que hay buen ambiente y me da un poco de miedo. Ese mismo miedo que tengo que ir soltando poco a poco.

Me voy a cenar a una soda (arroz con atún y batido, pero esta vez de leche y sin hielos y además no toco la poca ensalada que viene con el arroz -ya he aprendido la lección-), vuelvo a mi cabina y me pongo a escribir.

Mañana espero poder tomar mi primera clase de surf (hora y media, 45$, alquiler de tabla incluida) y de yoga (8 clases, 60$, no es un precio extremadamente caro). Tengo cogidas 6 noches, hasta el día 6. Mi vuelo parte el día 9. Si entre mañana y pasado mañana esto me gusta lo suficiente y puedo alargar mi estancia en el sitio de cabinas (la demanda es altísima en estas fechas), puede que alargue la fecha de retorno de mi vuelo. Si no, estaré las 6 noches, disfrutaré del mar y volveré a España con un bronceado y espero que conocimientos básicos de surf y alguna lección más de la vida aprendida.


Bonus track: Wonderwall!

jueves, 30 de enero de 2014

Diario de Costa Rica: Día para olvidar

Ayer estaba exultante, había puesto a prueba mis miedos y había salido victorioso, llegando satisfactoriamente a San José. De hecho, recuerdo vivamente los momentos previos a quedarme dormido, con una paz y una quietud extraordinarias.

Hoy el plan era levantarse pronto y quizás coger el autobús de las 6 de la mañana para Santa Teresa, un viaje de 6 horas y media. Pero esta mañana me he levantado con la tripa hecha una mierda; hay que decir que no estaba yendo al baño del todo bien los últimos 2-3 días, pero esta mañana he tenido que "usar el baño" varias veces. Probablemente fue uno de los muchos batidos (con agua) o coca-colas (con hielo) que tomé en Tortuguero, haciendo su efecto en mis intestinos.

Así que obviamente no iba a coger el autobús de las 6.00, y me he quedado en la cama descansando, creo que con algo de fiebre, en un estado de semi-incosnciencia; esperando a mejorar para coger el autobús de las 2 o quedarme una noche más en el hotel de San José (52$).

A las 11.30, entre sueños febriles, he decidido que definitivamente me quedaba en San José una noche más, así que he bajado a comunicárselo al recepcionista. Me dice que imposible, que tienen todo lleno, y que me tengo que ir a las 12.

En un estado físico bastante deplorable, recojo todas mis cosas (un infierno cada vez que quiero empacar) y me pongo a buscar un hotel. Quería un buen hotel para poder descansar a gusto, y encuentro uno por 69$ que tenía muy buenas puntuaciones en Booking.

Reservo y salgo de mi hotel mareado. Cojo un taxi y le pregunto que si sabe dónde está el hotel, y me dice: "sí, claro, yo puedo preguntar". Bueno, para qué andarse con rodeos. Me ha estafado: no tenía ni puta idea de dónde estaba el hotel y cuando ha visto otros potenciales clientes cerca me ha despachado. Aparte, la maría (taxímetro) ha empezado a contar desde el segundo uno, cuando ayer, con mi taxista (ya dije que era el único honrado de todo San José), tardó en empezar a sumar a los 625 (1.25$) colones básicos unos 5 minutos.

Total, que al cabo de 5 minutos escasos la maría, que por supuesto estabar rigged, contaba 2235 colones y subiendo. El muy hijo de puta, ahí parado esperando a que le pagara y me bajara mientras el taxímetro no dejaba de subir. Le digo, "vale, me bajo"; le he dado un billete de 2000 colones y me ha dicho que así estaba bien. ¡Incluso a alguien de su calaña le ha dado vergüenza cobrarme el resto por un servicio nulo!

Y aquí es cuando ha empezado el festival del humor.

He preguntado a 3 personas, no a una ni a dos. ¡A tres personas! Y, curiosamente, ¡las 3 sabían dónde estaba el hotel... pero todas ellas me han indicado en la dirección contraria! ¡Y una de ellas era un policía!

La primera ha sido una señora, he visto la puerta de una asociación de no sé qué mierdas abierta, y ya he aprovechado. Han tardado como dos minutos en consultarlo y me han indicado con total y absoluta certeza en la dirección contraria. Así que yo, agradecido de corazón, y en un estado físico lamentable, me he ido alejando del hotel cargando con el portátil, la guitarra y la mochila.

Sigo subiendo -encima era subida, hay que joderse-, y para asegurarme de que voy en la buena dirección le pregunto a un trabajador que está reparando el techo de un bar. Me dice: "Sí, siga un poco más hacia arriba, como tres o cuatro bloques y ahí es a la derecha". Le digo: "¿Pero está muy lejos?" -"No, no mucho". Sólo de pensarlo ahora me entra la risa.

Los siguientes han sido los policías. Les digo: "Estoy buscando el hotel Voltaire, ¿sabéis si voy bien por aquí?" Me dice uno de los dos: "Bueno, no estoy seguro del todo, pero creo que sí, vas bien". Bueno, un avance, por lo menos tiene la cortesía de decirme que no está "seguro del todo", pero por supuesto voy bien.

He acabado literalmente en las últimas, con un tirón en la pierna de andar con la puta mochila que pesa como una vaca, sudando, con un sol de justicia, deshidratado, ya pensaba que estaba cerca de desmayarme. Y he preguntado a una especie de guarda-jurado de una tienda de algo o de un parking y me ha dicho que no sabía dónde estaba el hotel (hurra!), pero que subiera un poco más y ahí en la parada de taxis me podrían ayudar a encontrarlo. También le he preguntado si era peligroso andar por ese barrio, y me ha dicho que "de día, no". Realmente da muy mal rollo estar andando por calles semidesiertas con todas las casas enrejadas.

En la parada de taxis me sonríe el mítico estafador, al que, a estas alturas, sólo puedo mirar con cara de odio; me dirijo hacia un taxista de unos 55-60 años y le digo: "Mire, quiero ir a este hotel, que está en la calle 31 con la avenida 8. No me importa las vueltas que dé, y no quiero que ponga la maría; le voy a dar 1500 colones pero me tiene que llevar a la puerta del hotel".

Ha aceptado y hemos llegado al punto donde me había dejado el anterior taxista. Hemos tenido suerte, justo nos hemos cruzado con una trabajadora del hotel que se dirigía hacia allí, y que se ha montado en el taxi. Era muy amable y no estaba mal para lo que me he acostumbrado a ver en Costa Rica (lo siento, pero el 90% de las ticas son más anchas que largas). Hemos llegado al hotel (que estaba bastante escondido) y el taxista, que ha aguantado estoicamente mis improperios contra los taxistas costarricenses y su absoluta falta de honradez y escrúpulos, sólo me ha cobrado 1000 colones por lo corto de la carrera.

Me he registrado y les he preguntado dónde comer, y me han comentado sobre un sitio para comer barato (2000 colones por un casado) y la chica, Paz, me ha dicho que ella iba a comer y que almorzaba conmigo. Debería empezar a aceptar estas invitaciones; aunque en mi defensa, estaba sudado, cansado y al borde de la deshidratación. Pero supongo que uno siempre encuentra excusas cuando son lo que busca.

Un par de pensamientos mientras me termino mi botella de agua con sales (Citorsal):

-El tema de la seguridad. Mientras recorría las calles (he llegado de la calle 31 a la 39) da pena ver que todas las casas tienen como mínimo rejas, otras tienen alambres de espinos, cámaras, parkings privados,... así en todo lo que he visto de San José hasta ahora, da pena realmente. He visto incluso un parking de una casa vallado y con alambre de espinos para un solo coche, algo muy curioso. Quizás luego haga unas fotos, pero a veces hasta da cosa sacar el teléfono en sitios así.

-Me declaro oficialmente enemigo acérrimo de los taxistas. No se me ocurre un gremio peor (quizás el de los políticos, y recalco el "quizás"). Tampoco me gusta San José, ciudad feísima y muy peligrosa; ni los ticos a los que de pequeños no les enseñaron a decir que no saben cuando no tienen ni puta idea de dónde está algo (esto también era muy propio de Tailandia).

Como digo, día para olvidar... mañana será otro día.

Diario de Costa Rica: Viaje a las profundidades del miedo

Por dónde empezar....


Empezaré por el principio (nota: para ver la imagen a tamaño real, pulsar sobre la misma)

Costa Rica: ¡Pura vida!



Aunque seguía ganando a un winrate alto, estaba notándome algo saturado de poker. No sirvo para echar 30k manos al mes durante periodos largos, y creo que hice 100k manos entre mediados de octubre y finales de diciembre. Me fui a un retiro espiritual a primeros de enero, y ahí tomé la determinación, entre otras muchas buenas decisiones, de que no podía volver a casa sin un billete de avión.

Me encontraba en Barcelona la noche antes de mi vuelta, totalmente decidido a no regresar sin un billete, y por casualidad vi unas ofertas de Iberia en vuelo sin escalas a Costa Rica, así que no me lo pensé y lo compré. Hice lo que recomienda hacer un amigo que vive en Bangkok: primero comprar el billete y luego, si acaso, solucionar todo lo demás; o, en palabras de otro amigo que también vive en Tailandia: comprar el billete cuando estás animado y que sea tu yo futuro quien más tarde se joda y apechugue. ¡Ambos son unos consejos estupendos!

Y eso pasó, que el Rami futuro tuvo que apechugar. Voy a abreviar porque si no no acabo: acabé en un vuelo a San José, Costa Rica, sin saber muy bien qué pintaba allí, y con prácticamente nada planeado. Sólo tenía hoteles y transporte más o menos solucionados para los 2-3 primeros días, luego todo en blanco, salvo la posibilidad de recorrer toda Costa Rica hacia la otra punta del país, a un pueblecito surfero situado en playa Santa Teresa, en la península de Nicoya, al noroeste del país.

Pero fue llegar a Alajuela, la ciudad del aeropuerto de San José, y empezar a desaparecer el miedo. ¿De qué me iba a servir cuando estaba totalmente solo y todo dependía de mí? ¿En qué me iba a ayudar?


 Comida caribeña: pollo, arroz, frijoles, ensalada y  plátano frito... buenísimo!



Algunos lectores no entenderán mi actitud o mis motivaciones. Para mí están muy claras: me pasé varios años siguiendo lo mejor que podía los designios de mi miedo, haciendo todo lo posible por escapar de él; sobra decir que fueron intentos vanos, al final de un modo u otro la vida te lleva a esas situaciones. Pero de un tiempo a esta parte algo ha cambiado: estoy haciendo el viaje de retorno, ahora soy yo el que busca encontrarse con el miedo.

El miedo siempre es miedo a la muerte en última instancia. Da igual que hagas alpinismo sin oxígeno, que te aterre dar una conferencia en público, que tengas miedo de suspender un examen o de no poder pagar tus facturas,... en el fondo, si sigues ese miedo de vuelta a su fuente, siempre te llevará al miedo a la muerte.

En mi caso tengo una especie de fobia a determinadas situaciones sociales, algo que podríamos denominar "desastres sociales". Por ello me estresan los transportes públicos tercermundistas atestados de gente, especialmente aquellos que carecen de baño. Me pongo nervioso y hace que me entren ganas de ir al baño, lo cual de algún modo es una pescadilla que se muerde la cola: te pones más nervioso, lo que hace que te entren más ganas de ir al baño, lo que hace que a su vez te pongas más nervioso... Alguna vez ha estado a punto de ocurrir un accidente.

 Sólo en el Caribe: playa y selva en la misma instantánea



Tengo más miedos o fobias. Como digo, antes pensaba que eran una limitación en tu vida. Pero ahora me doy cuenta de que no son solamente eso, sino que además son la puerta a otra cosa. En ese dejarte devorar por el miedo, dejarte arrastrar por él plenamente está una de las claves de la vida, y es el único modo de superar el miedo a la muerte, que con mayor o menor éxito nos empeñamos en enterrar profundamente.


Y ahora precisamente busco eso: se podría decir que de algún modo es un entrenamiento que me haga ser capaz de afrontar el miedo último: el miedo más absoluto y primordial, del que surgen todos los demás: el miedo a la muerte, a la desaparición absoluta. Por eso creo que todo aquello que te haga sentir miedo es positivo, siempre y cuando lo afrontes con la actitud adecuada, léase: ni querer escapar de él, ni tampoco luchar con él y tratar de aplastarlo. Ninguno de esos dos métodos funciona, más allá de proporcionar un alivio momentáneo y perpetuarlo.

Recuerdo una conversación de hará unos meses con un amigo, que estaba sufriendo ataques de pánico en las últimas semanas. No entraré en los motivos por los que le estaba sucediendo esto ya que son irrelevantes: pero estaba haciendo lo que nuestros padres, la sociedad y la genética nos ha enseñado a hacer: huir de ello. Me decía: "yo intento pensar en otra cosa". ¡Grave error! Precisamente pensar en otra cosa es lo que perpetúa la ansiedad. Tienes que permitirte sentir toda esa agitación, todos esos pensamientos que hablan de muerte, de que de algún modo todo irá mal, todo fallará,... y sin interferir con ellos en absoluto, tienes que ser capaz de, cuando todos tus pensamientos y tu cuerpo está diciéndote que todo irá mal, echarte a un lado y dejar que hagan su función sin tocarlos lo más mínimo. Es algo extremadamente sutil y requiere de mucha práctica.


Panorámica del embarcadero de mi hotel y sus impresionantes vistas al canal



Me desvío. Esta mañana no tenía forma de volver a San José que no fuese utilizar el transporte público, y aunque tenía la opción de esperar un día más y volver en un shuttle privado, o de pagar 150$ y volver en avión, en el fondo quería enfrentarme a mi miedo. Y ni qué decir tiene que no me ha decepcionado.

Sé cómo funciona mi pánico en estos casos: lo peor siempre tiene lugar al principio de la "situación", y ahí estaba yo, la lancha hacia la Pavona recién comenzada, y las sensaciones y pensamientos estallando a plena velocidad, al igual que la barca.




 El Parque Nacional de Tortuguero, visto desde la lancha



Pero esta vez ha sido diferente. Esta vez no huía de ellos, esta vez los dejaba entrar. Han aparecido pensamientos con una carga emocional enorme, pensamientos que llevaban de algún modo ahí guardados meses o años, terribles,... pero ahora soy más sabio. Ahora no he tratado ni de enfrentarlos ni de resitirme a ellos. Hubo, como suele pasar con estas cosas, un in crescendo, la sensación pasó del estómago a los brazos, rápidamente todo el tórax y la cara, la parte inferior de las piernas, todo muy rápidamente... absolutamente embargado por el miedo,... y después simplemente.... ¡plop! ¡Se evaporó sin más!, a la vez que quedó un transfondo de paz que me permitió disfrutar del precioso viaje en lancha por el Parque Nacional de Tortuguero hacia la Pavona. (Lamentablemente no vimos caimanes.)

Después el viaje ha sido coser y cantar: incluso en el autobús he entablado una agradable conversación con lo que yo pensaba que eran una pareja de franceses, pero no eran así, simplemente se habían conocido y compartían parte del trayecto. Al principio había pensado que eran la típica pareja de viaje, pero creo que no estaban enrollados, aunque no lo sé seguro.



 Ñam ñam!



Ambos eran muy agradables, aunque la chica me cayó mejor pese a su horrible acento (en realidad vivía en Suiza): estaba haciendo un viaje alrededor del mundo. No es la primera vez que oigo hablar de esto: pagas una cantidad (en EEUU me dijeron 2500$, ella me dijo 3.500€), comienzas y terminas en un aeropuerto y puedes coger tantos vuelos como quieras durante no sé si 6 meses o 1 año, pero con una condición: siempre tienes que volar en una msima dirección: o hacia el Este o hacia el Oeste hasta el final del trayecto; ella se dirigía al Oeste: Canadá, Centroamérica, después Australia, Asia y de vuelta a Europa. Y él llevaba 3 semanas en Perú, iba a estar unos días más en Costa Rica y volaba a Guatemala. Muy agradable y abierto también.

Cuando les he dicho que estaba pagando 35$ por mi habitación se han sorprendido: ella, que siempre se alojaba en hostales, pagaba 12$; él 20 por una habitación de hotel. También me han sorprendido con el tema del equipaje: ella llevaba 3 camisetas para un viaje de 5 meses!


 Contraste de imágenes, sonidos,... una maravilla




Me ha gustado conocer gente tan abierta. Gente que se encuentra con otra gente en un viaje y simplemente juntan sus caminos durante un tiempo, como dos niños que se encuentran en un parque de juegos y simplemente se ponen a jugar. Dentro de poco me veré capaz de hacer lo mismo.

Luego hemos llegado a San José. No me ha gustado mucho, he estado a punto (sin saberlo, ya que no había preparado casi nada) de meterme en el barrio más peligroso de todo San José (Barrio México), pero en el último momento mi sentido arácnido que tantas veces me hace bluffcatchear correctamente me ha alertado, y he cogido el que probablemente fuera el único taxista honrado de San José.

El aire acondicionado de mi autobús, había que elegir entre asarte de calor o tragarte el polvo del camino. Elegí masticar granos de arena


Al poco de llegar he ido a comer a una soda unas fajitas de pollo con arroz horribles por 3500 colones (7$, me han estafado seguro), y posteriormente me he adentrado en un mercado al estilo tunecino que estaba muy cerca de mi hotel, y me he comprado una pulsera chula de aparente cuero por 1000 (iba a decir bahts) xDD por 1000 colones, que son 2$. He aceptado sin más; me parecía un precio más o menos justo.
He visto pinturas de alguien a quien se las había pintado "su hermano". Eran todas una mierda la verdad, la técnica era extremadamente simple (me recordaban a las que hacia yo en clase de Educacion Artistica), y ninguna era bella; a excepción de una, en la que aparentemente "su hermano" acertó por casualidad. Además, curiosamente, estaba situada la primera, encima del resto; si no llega a ser por esa casualidad, habria pasado de largo.

Un reloj estropeado da la hora dos veces al dia, y hasta el pintor o escritor mas obtuso puede tener un momento de inspiracion, de conexión con la fuente, con el universo, con lo divino, como se quiera llamar... Me ha pedido 8000 colones de primeras (16$), y he utilizado una técnica que no había practicado hasta ahora: hablar poco. Me he quedado callado mientras me decía que eran muy buenos, me enseñaba otros, etc. Y sin yo decir nada, mirándole con cara de "no soy gilipollas". Ha bajado a 7000 (14$).

 Al poco de estar en silencio le he dicho que era muy caro, a lo que ha respondido que me lo podía dejar en 6000 (12$). No me parecía un precio justo, pero tampoco me apetecía seguir mas tiempo escuchando su cháchara y he aceptado.
 

Y así llego hasta ahora mismo, en el bar de un hotel de San José tomándome -por cuenta de la casa- un cocktail que lleva ron y algo más, de ésos que te van emborrachando sin apenas darte cuenta, mientras me sobresalta el estruendo de las sirenas de un coche de policía que pasa a toda velocidad en busca de -quizás- unos rateros a la caza de un pobre turista. Han pasado más cosas (ha sido un día muy interesante) pero estoy ya muy cansado de escribir.

¡Mañana será otra aventura, espero!

martes, 24 de diciembre de 2013

Coaching: cierro plazo de solicitudes

Puse unas condiciones muy claras en la entrada anterior, pese a lo cual, me han llegado multitud de solicitudes que no cumplían algunas o todas las condiciones.

Como ya he tenido suficientes (alrededor del 70%) que no cumplían alguno o todos los requisitos, se me está agotando la jodida paciencia, y como no quiero ser borde ni dejar de contestar a nadie, cierro el plazo de solicitudes; creo que ya tengo suficientes para sacar 2-3 conejillos de indias con mucho margen de mejora.

En 1-2 días me pondré en contacto con aquellos que mejor se adapten al perfil que buscaba.

Analizaré por encima su base de datos para sacar todos los leaks que salgan a simple vista y no tan a simple vista, y de ahí partiremos, sin ninguna ruta predefinida.

¡Gracias a todos!

viernes, 20 de diciembre de 2013

Coaching: se busca conejillo de indias

Esta idea surgió a raíz de la conversación con un amigo me contó que había contratado un pack de coaching por 200€/hora. Me quedé de piedra.

Estuve revisando las estadísticas del coach, con quien ambos compartimos mesas en más de una sala, y no me podía explicar cómo podía estar pidiendo tal cantidad de dinero por hora, cuando su hourly rate o ganancias por hora no llega a esa cifra ni de lejos. Asimismo, oí cifras de algún otro coach y me quedé horrorizado.

Según he sabido después, aparentemente es algo normal pedir por una hora de coach tales barbaridades de dinero (especialmente más del que uno gana jugando en las mesas). Y desde hace un año largo he sido reticente a dar gratis información, supongo que todo el mundo lo entiende, pero y ¿si no es gratis? Entonces ya la cosa cambia.

Pensé: coño, esto puede ser algo muy positivo, no sólo me puede servir para mejorar, sino que además me puede hacer ganar más dinero! Y si la gente está dispuesta a pagar barbaridades por hora, ¿por qué no?

Así que he decidido intentarlo, y voy a probar. No sé si saldrá bien o mal, pero estoy seguro de que por lo menos aprenderé.

Así que me he decidido dar dos coach. El precio es 0€, o la voluntad si te sientes bien con ello al final del coach, a jugadores que cumplan lo siguiente:

1-Jugar en la red Party (.com), o por lo menos que Party sea la sala principal, en NL100 y/o NL200, no más arriba de NL200 y no más abajo de NL100. Para empezar creo que es lo mejor, ya que conozco muy bien el metagame de esta red y tengo muchas manos del nivel (por lo menos de NL200) en esos stakes (juego de 200 para arriba, siendo 200-400 donde más juego).

2-No ser ganador a más de 3-4evbb. Siempre es más fácil empezar por un break-even que está cometiendo errores horribles que por alguien que está ganando mucho.

3-Tener datamining de las manos del nivel (si es NL100, ya que de NL200 las tengo todas). Esto es para a la hora de analizar manos, tener una muestra relevante, ya que cuando analizo manos y juego utilizo un montón de stats específicas que requieren de una muestra que cuanto más grande sea, mejor).

4-Estar dispuesto a modificar tu HUD y tus popups, a comprar Notecaddy y quizás algún pack de Notecaddy, tal como Notecaddy Edge. No me vale el típico HUD de edukito donde la mitad de los datos hay que interpretarlos.

La idea es mejorar cualquier aspecto del juego donde haya leaks graves, y sin duda mi mejor faceta como coach es el tema del HUD/interpretación de estadísticas. Hay varios puntos en los que sé que puedo hacer mejorar mucho al reg medio de NL100-200, aunque siempre estoy abierto a un mutuo acuerdo en los temas a tratar.

Será un coach experimental de entre 4-6 horas, todavía no lo he decidido, por Skype+TeamViewer, y la duración dependerá de cómo vaya el asunto. Y si la experiencia es buena haré más, ya cobrando, claro.

Si cumples los requisitos y estás interesado en mejorar tu juego, escríbeme a ########## y dime tu nick, winrate, número de mesas que juegas, cuánto tiempo llevas jugando, etc. una pequeña descripción, y si hay varios candidatos interesados en unos días elegiré a uno.

Como se supone que hay que publicar gráficas cuando te ofreces a dar coach, mi gráfica de las últimas 100k manos, o lo que es lo mismo, desde prácticamente el 1 de julio, que es cuando empecé a mejorar mucho el tema de estadísticas. La mayoría son de NL200. Si la cosa me gusta y lo sigo haciendo ya pondré gráficas con stakes, nicks y demás.



Y la gráfica de manos desde octubre de 2012, es decir, en el último año. La mayoría de las manos viejas son de NL100 y NL200:


jueves, 19 de septiembre de 2013

Tour EEUU: Utah, conducción americana

Ya estoy en San Francisco, la última parada del viaje antes de volver a Los Angeles y a Madrid. No he escrito nada durante el recorrido por Utah porque he acabado todos los días demasiado cansado como para escribir. Lo siento por quien estuviese siguiéndolo.

En fin, el caso es que estaba cruzando el desierto de Nevada, y quería contar un poco cómo me había ido en mi trayecto por los Parques Nacionales de Utah (estoy enamorado de este Estado) y el Grand Canyon, pero -no sé cómo- el vídeo acaba siendo una sarta de improperios contra los conductores americanos. De nuevo lo siento.

Tales exabruptos mezclados con retazos del viaje acaba abruptamente al llenarse la memoria del teléfono, pero ya estaba llegando al final en cualquier caso; aunque me queda pendiente hablar de los moteles, de los que también habría mucho que comentar.

¡Espero que os entretenga!



viernes, 13 de septiembre de 2013

Tour EEUU: Sedona, Arizona

Ayer llegué cansadísimo al hotel y tuve que buscar los 3 siguientes hoteles, lo que no es fácil cuando muchos no se anuncian en Booking ni en páginas similares.

No tengo mucho tiempo ya que quiero salir pronto para el Grand Canyon ya que tengo otro día duro (probablemente el segundo día más duro de todo el viaje), así que haré un breve resumen.

Salí de mi motel en Flagstaff por la mañana, hacia Sedona, con la intención de visitar los vortex de energía por los que es conocida.



De nuevo, el paisaje del trayecto es espectacular.



En el Visitor's Center compré el pase anual para Parques Nacionales (80$) y me dieron un mapa de los 4 energy vortex que hay. Me dijeron que el tiempo que se tarda en hacer cada uno de los recorridos era de 3, 2, 2 y 2 horas. El de 3 horas era el de Bell Rock que me quedé con ganas de ver el día anterior, así que haría el recorrido de Bell Rock y el de otro más: Cathedral Rock, el más popular, pero primero pasaría por el Scenic Overlook o algo así, que tiene unas vistas de Sedona impresionantes.





Tras pasar por el overlook, me dirigí a por comida y a Bell Rock. El trayecto no era tan largo como me habían dicho en el Visitor's Center, pero durante el mismo pude sentir algo especial en el sitio.


Al comienzo de la ascensión me encontré con una pareja de hippies de unos 50 años que tenían un diapasón que vibraba con cada nota emitida (tenían 7, uno por cada nota) y decían que la montaña amplificaba el sonido y se podían ver imágenes y sonidos, aunque no entendí muy bien lo que querían decir, pero eran majos.

Lo mejor fue al llegar arriba. No conseguí llegar al punto más alto (tampoco busqué demasiado), pero me senté tranquilamente y poco a poco me dejé embriagar por un trasfondo de paz. Era una sensación muy agradable y extraña, y en cierto modo me sentía como si me hubiese fumado un porro. Las vistas también eran espectaculares.



Tras comerme mi sandwich hice el camino de vuelta al coche y me dirigí hacia Cathedral Rock, en lo que podría decirse que fue un error.



Esto no era como Bell Rock, con una ruta de unos 20-30 minutos y la posterior ascensión más o menos escalonada, esto era directamente la asecensión a una montaña. Al poco se empieza a inclinar sospechosamente el camino, y a los 10-15 minutos de ascensión me encuentro con que el camino deja de ser camino y pasa a ser escalada.

Paré. Me dije que no podía ir por ahí. No sabía qué hacer.



Hay algo que me gustaría contar, aunque se me esté haciendo tarde. Todos tenemos una lista de prioridades en la vida. Lo sepamos o no. En algunas personas en la parte más alta está el dinero, en otras el sexo, en otras la seguridad, en otras el confort, en otras -como mis amigos los hippies- el tener experiencias místicas (estoy especulando, no lo sé), en otras el drogarse, en otras una mezcla de varias de las que acabo de decir. Todo el mundo tiene algo en los primeros lugares, sea consciente o no.

En mi caso durante mucho tiempo y hasta hace no tanto, fue el miedo. Cuando quería hacer algo tenía que pasarlo por mi filtro de miedo, que decidía por mí. Muy triste.

Pero bueno, el caso es que hace tiempo que dejé de hacerle caso, y siempre que puedo hago lo contrario de lo que dicta mi miedo. Identifico que una decisión o una forma de pensar está condicionada por el miedo y trato de hacer lo contrario, y a veces tengo éxito.

Como los lectores fieles sabrán, tengo mucho vértigo. Estaba en una situación complicada, y me empecé a sentir triste por dejarme ganar por algo tan irracional. Ahí, sentado casi al borde de la cima, tu mente dice "no puedo", tú sabes que puedes aunque sea peligroso (llevaba zapatillas vans con los cordones sueltos y vaqueros largos sudados que se me pegaban). Me sentía triste, me temblaban las piernas de miedo y lloré de frustración, de no poder hacer lo que quería.

Pero el miedo, como sensación que es pasó, así que cuando se fue, con todo el coraje del mundo, me fui para arriba. Conseguí llegar bastante lejos, pero el problema es que al tener tanta pendiente uno no podía saber cuándo acababa. Paré y vi que bajaba una pareja de nórdicos. Les pregunté si quedaba mucho y me dijeron que no, que un poco después la pendiente se suavizaba mucho.

Se bajaron y me quedé ahí otra vez, otra vez atenazado por el miedo. Volví a sentir que no podría hacerlo, y además esta vez no sabía si iba a poder bajar lo que había subido ya, que era bastante. Otra vez volví a llorar. Y otra vez el miedo se debilitó.

Conseguí llegar al final, y el resto de la subida, aproximadamente medio kilómetro de ascensión, la hice sin parar, con la determinación febril del loco, del que nada tiene que perder, jadeando pero sin parar ni un momento.

¡Qué vistas había allí arriba, y otra vez, qué energía! Estaba preocupado por el descenso, por lo que no me acabé de relajar del todo durante mucho tiempo. Pero durante un rato pude sentir la montaña, por decirlo de algún modo, y tuve una sensación de paz tan profunda... Qué silencio impresionante había ahí arriba, lástima de los jodidos insectos como moscas infectas y demás carroña, que si se extinguieran nada se perdería (lo siento por el comentario, odio a los putos insectos).



Un rato después tocaba descender, y estaba literalmente cagado. Me temblaban las piernas, de miedo y de cansancio, y a punto estuve de tener que ir a hacer "number two", que le dicen aquí, en medio de la montaña, pero me dije que no podía parar, que no podía perder mi determinación. Me até los cordones de las zapatillas, me recogí los vaqueros, e inicié el descenso:




Al final fue más fácil de lo esperado, a excepción de un punto que cuando subí no estaba mojado, y que ahora lo estaba (recordad que es roca caliza o arenisca, no sé). Lo hice, lo logré, y cuando acabé de nuevo me embargó esa sensación de paz y de dicha.

En fin, una experiencia bastante interesante, acompañada de unas vistas increíbles durante todo el día. Normalmente no suelo hacer muchas fotos -de hecho en Las Vegas no hice prácticamente ninguna foto-, pero este paraje lo merecía.

Espero que os haya gustado. Me marcho en breve al Cañón del Colorado, y dormiré en un pueblo perdido en medio del desierto. ¡Buen viaje!


jueves, 12 de septiembre de 2013

Tour EEUU: Flagstaff, Arizona

Hoy me he marchado de Las Vegas. Ayer jugué la última sesión (NL200) y volví a ganar para pleno de sesiones positivas. Los jugadores eran todos horribles otra vez, me pareció estar de vuelta en 2009, sólo que yo siendo muchísimo mejor. Por cierto, un jugador muy malo pero no de lo peor de la mesa comentó que el 42% del dinero en efectivo de EEUU se encuentra en Las Vegas.

Se me ha hecho algo tarde al salir, y he acabado dejando el hotel casi a las 12. El otro día comentaba en el vídeo que ayer tenía pensado visitar la Presa Hoover, pero al final, viendo que estaba dentro del itinerario hacia Flashtag, lo dejé para hoy.




La Presa Hoover es una construción imponente, que denota inteligencia, y un notable intento por parte del hombre de controlar el medio en que se encuentra. Al ver el lago Mead, un embalse creado artificialmente justo encima de la presa, he pensado en lo efímero del hombre frente a la naturaleza. Supongo que esta sensación volverá a aparecer conforme avance el viaje.




Hasta hace no demasiado, si querías ir de Las Vegas hasta Phoenix, de Nevada a Arizona, tenías que pasar por la estrecha carretera que la bordea; ahora esto ya no es necesario, debido a la construcción de la autopista-viaducto que pasa por encima de la presa, y, aunque el trayecto gana en comodidad y en rapidez, también ha perdido cierto encanto.

Aun así, todavía te puedes desviar de la nueva autopista y circular por encima de la presa. Lo han convertido en algo así como una atracción, con aparcamientos a 7$ la plaza (se puede aparcar en otros sitios) y atracciones en el interior. Yo no tenía mucho tiempo, así que me he ahorrado las atracciones, he aparcado el coche y me he dirigido hacia el abismo.




¡Qué miedo he pasado! No es tan imponente como me lo imaginaba antes de llegar, ya que la presa tiene cierta curvatura que hace que el abismo dé menos miedo, pero aun así me he asustado bastante. Tengo vértigo desde pequeño, y acostumbro a tener pesadillas en las que estoy agarrado desesperadamente a una escalera, o en las que tengo que cruzar un abismo, o en las que alguien cae de un quinto piso... todas ellas aterradoras. Así que me he acercado a unos pequeños salientes, que hacen que la sensación de indefensión se acentúe, y he jugado con las sensaciones. Puede que alguien de entre la multitud de turistas me viera y pensara: "¡Hmmm, parece que tenemos un suicida!" ya que estaba a unos 30 centímetros del borde, la respiración agitada y sudando.




Tras 3 horas abriéndome el paso entre el tráfico, con paisaje primero era desértico (los moteles y restaurantes que había entre la presa Hoover y Kingman son tipiquísimos de película y viejísimos además, como un "restaurante" de pizzas todo viejo y destartalado en medio de la nada), luego con más vegetación, y finalmente montañoso, llego a mi motel en Flagstaff, Arizona. He dejado las Freeways (autovías interestatales) atrás, y en las carreteras convencionales (aún con dos carriles) la conducción se parece algo más a la española, ya que por lo menos los coches circulan por la derecha y no por donde les sale de los huevos (más sobre conducción americana en una futura entrada).

¿Por qué Flagstaff? Flagstaff es una ciudad de Arizona que no tiene más encanto que moteles baratos, pero que se encuentra a aproximadamente hora y media de la cara sur del Gran Cañón. La otra alternativa era Williams, pero Flagstaff está más cerca de Sedona, y a su vez también más cerca de la carretera que bordea el Cañón por el este, que es adonde me dirigiré tras mi estancia aquí. Y había otra alternativa, que es quedarte a dormir en el pueblo del Gran Cañón, pero aparte de que hay que reservar con mucho tiempo de antelación, los precios ahí se disparan, y no creo que hubiese podido encontrar nada por menos de 200$.

Como decía al principio, iba con retraso con respecto a mi plan inicial, que era llegar a las 3 a Flagstaff. He llegado a las 6 al motel, así que nada más dejar la maleta he salido para Bell Rock, una especie de colina muy especial, con nada alrededor, a unas 5 millas al norte del pueblo Oak Creek. He visto que anochecía a las 8, por lo que con algo menos de una hora de trayecto he calculado que me quedaría 1 hora de sol al llegar.





De nuevo otro error de planificación... cuando he llegado ya era de noche y no he podido ver nada, aunque el trayecto por la 89A, una carretera horrible pero con unas vistas increíbles, ha merecido la pena. Aun así, parece que voy a perder un día con respecto al planning inicial y puede que me quede una noche extra en Flagstaff, aparte de las 2 que tenía pensadas.




Mañana tengo dudas entre si olvidarme de Sedona e ir al Grand Canyon directamente, o pasar el día en Sedona y visitar el Grand Canyon el jueves. Creo que visitaré Sedona, ya contaré qué tal el pueblo, ¡y si realmente existen esos vórtex de energía!

martes, 10 de septiembre de 2013

Tour EEUU: Las Vegas

Llevo ya 2 semanas en EEUU, las cuales pasé en el retiro al que fui el año pasado, y las 2 que me quedan las pasaré recorriendo millas por el oeste. Intentaré ir subiendo algún vídeo comentando cosas que me pasen o curiosidades sobre los americanos (siempre encuentras algo por lo que reírte de ellos), siempre que tenga tiempo e Internet disponibles.

Éste es el primero de los vídeos que espero poder seguir haciendo. Está dividido en tres partes porque se me ha ido llenando la memoria del teléfono y he tenido que ir borrando cosas.

Estoy ilusionado por este viaje. Me voy a adentrar en la auténtica América, y voy a ver parajes majestuosos en los que el hombre no ha podido poner sus zarpas. Por cierto, el Tour EEUU 2013 lo patrocina Quaker, ¡los cereales favoritos de los niños cuáqueros!